Netflix estrenó diciembre con una propuesta interesante, pero a largo plazo.

The Witcher es una serie de fantasía medieval heroica en ocho capítulos, Geralt de Rivia es un brujo a sueldo que por azar del destino se involucra con la princesa heredera de un reino, antes de nacer, le es otorgado sobre ella el derecho de la sorpresa, entre ésta condicionante y una serie de aventuras que pueblan su camino accedemos a la filmación de la obra literaria de Andrzej Sapkoswky, escritor polaco que cultiva este género.
Las críticas luego de estrenada la serie van de lo sublime a lo ridículo, unos hablan de que superará en calidad y tremendismo a Juego de Tronos, otros del papel gris de Henry Cavill como Geralt de Rivia, los más de que no existe un hilo conductor que lleve a la búsqueda de un objetivo como trama, y así.

En general no resultó fácil para Netflix lograr la adaptación de las novelas de Sapkowsky porque sus tramas desechan el contenido humano para centrarse en la cacería de monstruos, algo que era necesario equilibrar en la ficción, luego de un comienzo brutal la serie va por el camino de armar la historia de varios personajes, lo cual en sólo ocho capítulos no resulta fácil. Se convierte entonces en la antesala de lo que veremos en temporadas posteriores, en las que debe cuidarse más la relación entre Geralt-Yennefer-Cirila, como trío conductor de la magia y el poder que se puede derrochar en el futuro.

Henry Cavill hace un papel digno, quizás un poco estirado, pero convincente. Por su parte Anya Chalota (Yennefer) y Freya Allan (Ciri) también juegan sus cartas con maestría atrayendo sobre ellas desde el comienzo una atención constante.
Les recomiendo ver la serie y acceder a los libros, para ir preparándonos para esta saga que promete ser digna seguidora de los Tronos.








