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post by duda | | 6

Últimos días en la Habana

Se estrena por estos días en el circuito de cine, trae ya algunos premios nacionales y extranjeros, es una propuesta similar a muchas en el contexto actual de una Habana llena de descorchados y problemas, pero, viene de la mano de un maestro en el arte de hacernos vivir un guión: Fernando Pérez (Clandestinos, Suite Habana, El ojo del canario, La pared de las palabras)

La historia no tiene grandes intenciones, dos hombres que son un canto a la amistad, y no precisamente la calle habanera como muchos se mofan cuando alguien se siente ultrajado por la traición de un amigo, sino a la Amistad de verdad, uno enfermo de sida, el otro esperando una entrevista para irse a los Estados Unidos ¿El pasado de ambos o cómo llegaron a juntarse en el pequeño cuarto del solar? No, la maestría del director consigue que cada uno de nosotros se imagine un prólogo diferente para esta interrogante. Diego tiene sida y termina, en su condición de gay, abandonado por la familia luego de la muerte de su madre. Miguel ha vendido hasta la casa en espera de lograr su viaje, y cuida al amigo de la infancia, sin expresarle su cariño, pero esto no es necesario cuando se baña o se alimenta con ternura a un enfermo, cuando a pesar del cansancio se resiste el sueño para darle la medicación, el cariño está implícito, ésta es mi propia explicación de la convivencia de ambos, cada cual ha de tener la suya.

De nuevo la Habana pone al descubierto su rostro feo, sus gentes comunes, llenas de palabrotas y fuerza. ¿Por qué la Habana? Me dijo el otro día alguien, es simple, Fernando es de Guanabacoa, y nunca ha dejado de estar orgulloso de su marginalidad, sin embargo, es un director que ha logrado pulsar las emociones más diversas con sus filmes, siempre correctos, siempre controversiales.

Las actuaciones son excelentes, descubro a un Jorge Martínez nuevo, que convence desde el primer parlamento en su personaje del gay enfermo, Patricio Wood coquetea con la credibilidad, habría que ver cuánto de expresión le pidió su director para, efectivamente, conectarnos con su dolor interior casi al final del filme.

Una película para disfrutar, le decía a un amigo que los cubanos somos tan alegres, tan luchadores, que logramos reír en medio de las miserias mayores, aún con las carteras y el refrigerador vacíos somos capaces de esperar lo bueno que vendrá del futuro.

Otra vez, aplauso para Fernando.

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