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Las mareas de Alfonsina

“ Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste,
todas son buenas; bájala un poquito.”

Dentro del panorama poético de la primera mitad del siglo XX descolla una mujer que impresiona, sus letras, primero románticas, luego abstractas, en equilibrio perfecto, cosa rara en el alma de un poeta atormentado.

Alfonsina Storni es una poetisa misteriosa, asomarse a su obra te atrae a un campo de rosas y espinas, no obstante, aceptas el reto porque tiene un imán que te emociona, que endulza y destroza.

“Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?”

Participa de ése panteón de hadas que incluye a estas mujeres dueñas de un poderoso caudal creativo, pero que tuvieron la desdicha de vivir un mundo de hombres, aún así, y con la colaboración de poetas como Amado Nervo y Rubén Darío, logra abrirse paso en los círculos intelectuales de la época y ser reconocida.

La crítica divide la obra de Alfonsina en dos etapas, una romántica y otra donde predomina el intelecto sobre las emociones, hay un término que me gusta mucho, utilizado para calificarla, “viajera de sí misma” , resume su constante búsqueda, su insatisfacción con el mundo, el medio y las condiciones sociales que le tocaron vivir.

“Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.”


Alfonsina al descubrir que padece de cáncer, y asustada ante operaciones y tratamientos opta por el suicidio. Una imagen triste nos la trae internándose en el mar, despacio, dejando atrás el mundo absurdo que le castiga con una enfermedad brutal, sin embargo, análisis forenses posteriores casi confirman que se arrojó desde una escollera, en una madrugada playera.

Su poema “Voy a dormir” del cual les pego un fragmento al inicio, fue utilizado años más tarde como base para una canción homenajeándola: “Alfonsina y el mar”, de la cual he podido contar más de 50 versiones, entre las que se escucha una de nuestra Maureen Iznaga, muy bella y otra por Mercedes Sosa, quien la dio a conocer por vez primera y es la que más me gusta. Por su tamaño no se las puedo regalar, les pongo otra en voz de Sandra.

Una mujer cierra los párpados de coral, se duerme en este mundo y pasa a ser un pliegue de la luna llena, se difumina, entre el viento y la sal, siempre vuelve, cabalgando sus versos, cuando en un poema la recordamos.