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Los caminos a la Virgen etérea

Uno de los parques más hermosos de la Habana se encuentra en la intersección de tres importantes arterias : la Vía Blanca, Calzada de Guines y la Carretera Vieja de Guanabacoa, casi nadie en la capital desconoce la existencia de La Virgen del Camino.

La escultura que preside el centro de la glorieta techada es obra de Rita Longa, y fue colocada en este sitio en 1945, pero este hecho lo que hizo fue aterrizar el mito en una figura material, múltiples leyendas se cuentan alrededor del sitio .

Unos dicen que el lugar fue bautizado así por los primeros pobladores de San Miguel del Padrón, otras historias cuentan la existencia de un bodegón propiedad de un español emigrante de León que nombró su establecimiento en honor a la patrona de ésa provincia ibérica: Nuestra Señora del Camino. Y también se cuenta que frente al sitio que hoy ocupa el parque existía una parada de autobuses donde había una pequeña urna con una imagen de la Caridad del Cobre. A pesar de los nombres oficiales y los cambios territoriales del entorno, los habitantes y visitantes de este lugar siguen refiriéndose al mismo como La Virgen del Camino.

La figura esculpida en bronce reproduce la grácil forma de una joven que lleva en brazos una Rosa Náutica, se eleva sobre un pedestal circular y su vestimenta da idea de peregrinaje. Otra de las leyendas en torno a su presencia habla de la protección que ofrece a los viajeros que transitan por los caminos cercanos.

Cuentan que fue la propia Rita Longa, luego de la inauguración del monumento, quien primero depositó una ofrenda en la fuente a los pies de la Virgen, pidiendo por la buena suerte, a través de los años se ha convertido en tradición ponerle monedas. Pedir amparo antes de iniciar un viaje o sencillamente orar a sus pies.

Canción de las mujeres rotas

Homenaje tardío al 25, contra la violencia, siempre.

Esta ciudad se muere despacio, con las últimas luces del sol la gente comienza a mutar. El aire cambia el olor de los destinos, se confabula con los rostros anónimos de los peces, adopta formas el dolor…

S arita come con los dientes, la lengua, las manos, con todo lo posible, como si fuera la primera vez que come, come la grasa, el pan, los cartílagos, se atraganta y coge un aire, sigue tragando después, y siente que las fuerzas vuelven. El hombre la mira y se imagina el banquete posterior, observa sus senos mugrientos pero redondos, con pezones oscuros, baja la vista y se detiene en el ombligo que se insinúa en el borde de la blusita a jirones, aguarda que termine de masticar y le da a beber de la botella, mientras tira de ella hacia la esquina del pasillo entre los dos solares, a ésa hora desierto, antes de arrodillarse ante la portañuela que se quiere reventar le pregunta con ojitos llenos de esperanza: ¿pero mañana me traerás más comida, verdad?…

O livia se acomoda la mochila sobre el hombro, una mueca de dolor le contrae las comisuras de los labios, se apura a cruzar con el enanito verde alejándose aprisa del edificio, justo a tiempo para agarrar el ómnibus en la puerta, empuja desesperada a los hombres que permanecen como estatuas hasta lograr pasar hacia la izquierda, en el momento que su cartera tropieza con el costado de un jovencito el chico le mira y protesta: Ñó tía!!! ¿Qué tu cargas ahí, erizos??? Ella le ignora y sigue avanzando, cuando logra acomodarse en un rinconcito para el largo viaje, revisa contenta su botín, con estas latas sobrantes del almuerzo de la mesa buffet, sus negritos tienen merienda para una semana…

S onia llora, en medio del reguero, zapatos, ropas sucias, libros, colillas de cigarro, platos. Ahora que todos duermen puede dejar salir la frustración, se mira las manos llenas de nudos y cicatrices antiguas, las uñas roídas, se imagina el violín, el futuro que pudo ser. Suspira. Decide acostarse. Mañana temprano pone orden en la casa.

La noche cubre las heridas, les deja una tregua. Un grito común engrandece siluetas anaranjadas.

Los pies de la Eternidad

Durante estos días en que la muerte ha sido protagonista, he podido conversar con muchas personas, tengo el vicio de conversar para explorar las emociones, conversaciones bajo el sol en una larga fila, en la web, en el barrio, en la oficina, en una noche fría de guardia, apuntalando aristas para definir un calificativo que aún se me escapa, porque cada quien tiene, conserva, una visión diferente de la personalidad de un líder.

Siempre hay sentimientos encontrados, ambivalencias, a la hora de hacer un resumen , más cuando no se trata del abuelo de alguien o del padre de quién, sino de la Figura, el rostro, de un país. Hay heridas abiertas, en bien y en mal, desengaños, devoción, detractores y fieles, seguidores y enterradores.

Pero si algo es imprescindible de reconocer y respetar es la obra, buena o mala, con baches, con luces. Está la mujer operada de una radical de mama, con 60 sesiones de quimioterapia gratis, ésa mujer no ve las manchas del sol, sólo al sol. Está el joven que espera la baja del servicio para irse a Francia, y la espera se toma meses de más, ése está dentro de la mancha.

Recuerdo un pedazo de canción: “Cada país lava sus errores, a veces horrores, con hombres que siempre saben contestar: ¿qué harías tú en mi lugar?”

Están los salarios insuficientes, la falta de vivienda, la materialidad necesaria de un paseo inalcanzable, las modas, Varadero a precios orbitales para la mayoría, pero también las consultas de maternidad semanales, los niños con cáncer en una sala de hospital, las comunidades campesinas con escuelas y sonrisas, la Universidad asequible, las mujeres siendo algo más que un objeto, los negros que no son esclavos, ni minoría rechazada.

Hay un sinfín de historias detrás de estos días, yo no soy periodista, ni escritora, soy una cubana en la que conviven los dos lados del momento, amo y odio, perdono y comprendo, me radicalizo a veces, me caigo en el bache del rencor, deposito una flor roja ante una imagen donde las montañas y el verdeolivo predominan. No repito estribillos, rindo el homenaje de seguir la batalla diaria, con lo que implica haber nacido en la Isla.