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Leonora ( ) Frida

Por una casualidad soberana entré en el Universo paralelo de una mujer desconocida, a la sombra de un mito, rebelándose contra esto, digo más, aportando imágenes tanto o más sugerentes que las archiconocidas sangrantes y atormentadas de la clásica mujer referencia en la plástica mexicana.

Leonora Carrington tuvo sus orígenes en la vieja y culta Europa, quizás de ahí su distinción artística, su forma de interpretarse en colores y texturas menos tropicales, más fríos. Leyendo parte de su biografía impresiona su desdén, su inconformidad, como tantas artistas fuera de tiempo, frutos de mundos varoniles, es incansable su “escándalo” artístico para defender la postura feminista:

“La idea de musa es algo que yo nunca comprendí muy bien. Está basada en la divinidad griega, pero yo entiendo a las musas como señoras que se dedican a zurcir calcetines o a limpiar la cocina. ¿Quién fue la musa de Dostoievski? ¿Su epilepsia, acaso? Prefiero que me traten como lo que soy: una artista”.

En el otro extremo de la cuerda, la mujer color, la herida, el perverso tono del sufrimiento a través de los ojos y el cuerpo maltrecho.

Frida Khalo es una especie de monstruo de siete cabezas, el maelstrom mexicano, la diosa impura que amas y expulsas de los templos de tu gusto. Su pintura te abofetea, te empuja hacia atrás, te toca impúdicamente los instintos eróticos…no es jamás discreta, o refinada.

“No reniego de mi naturaleza, no reniego de mis elecciones, de todos modos he sido una afortunada. Muchas veces en el dolor se encuentran los placeres más profundos, las verdades más complejas, la felicidad más certera…”

Leonora desdeñó toda su vida la obra de Frida, ambas se mueven en el mismo tiempo, comparten una realidad y un grupo de artistas que no comprende ni el refinamiento de una ni el desparpajo de la otra. No se sufren, son dos mujeres llamadas a ser reinas que tristemente no supieron, como muchos, dejar de lado el ego y atreverse a ser sencillamente amigas, un mismo espacio lineal de vida para ambas reinar pudo con ellas.

A nosotros nos queda el placer visual del ying yang , el contraste para enriquecernos de ángeles o de demonios…¿ambos de una vez? Sí en mi caso. Me apasiona pensar que una ahogó sus demonios en la otra, que cada quien a su manera halló paz interior..o no..el secreto se fue con ellas.

Ustedes, tienen ante sí ahora la decisión de amar u aborrecer.