Category Archive: Minicuento

Ciertas verdades sobran

Aquí el amor
se vive simplemente
no se halla cautivo
en la trampa de un concepto

Sí, era el pintor del aire, cuando sus trazos anidaban, como por casualidad, en un rostro, se podían contar las líneas en las que brilla el amor o la duda. Cuántas veces se ha escrito sobre esta, la duda, con o sin razón, a veces es, incluso, pretexto para invocar o desquitarse. ¿O sobre el amor? Ese vapuleado que todos desdeñan y buscan.

Pero empecé hablando del pintor. Trabajaba días y noches sin descanso, volteaba a la derecha, o al revés, se agachaba, volvía a elevarse, en medio de aquel caos figurativo la imaginación podía darle forma a un carrusel, un elefante, un castillo o una libélula. Algunos sólo reían y pasaban de largo. Él, lo notaba, sonreía para sus adentros y continuaba la labor impuesta por los dioses, por el azar…o sencillamente por su locura.

En los días de lluvia sus trazos cobraban un significado diferente, eran una maraña húmeda que te sacudía los sentidos, un tirón en las fantasías más sutiles.

Un día desapareció, igual que había llegado, nadie preguntó nada, nadie vió nada.

Y se hizo asfixiante la realidad .

Clubes

Un escenario y pérdida. La botella preside, luego, babas, sudor, espasmos.
Entre mujeres y humo, allí, sentado, rumia. Y no encuentra una salida al temor.
La música alivia por momentos, cuando cree descubrir una mirada golosa en alguna chica de muslos rollizos y labios rojos. Pero no es a él que mira, sino al tipo de la cadena dorada y los dientes prístinos, al triunfador.
El chocar de los vasos disminuye cuando ella comienza el ritual de la cópula con el tubo metálico, parece revivir entonces, sus ojos no dan tregua a la respiración, le come el cuerpo con miradas de lascivia, anima su pecho el palpitar de la sangre en su entrepierna. Pero la actuación acaba, ella, semidesnuda, apetitosa, sale en pos del Alfa, él…vuelve al reino del hastío.
Cuando la madrugada se aproxima ya apenas siente, sólo sobrevive ahí, sumido en silencios, con rabia. Un cráter de soledades sobre las sillas vecinas se burla de su tristeza.
Un tirón en su hombro le avisa de la partida, la calle, húmeda le devuelve un poco de claridad… marcha sin rumbo.
Amanece en sus ropas cuando abre la puerta de la cueva, en la que todavía permanece el olor a derrotas.