Category Archive: Cine

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El hilo invisible

Una película puede hacerte reflexionar, puede llevarte a cuestionar por cuáles senderos se mueven las pasiones oscuras del yo interno, puede hacerte ver que hay demonios hasta en las almas más puras.

Paul Thomas Anderson nos sorprende con un guión y una puesta que tirará de los hilos de nuestra sensatez. Ambientada en los 50´s de Londres, la película presenta a Reynolds Woodcock, un sastre de la élite burguesa en su proceso de creación, un hombre retraído, metódico y perfeccionista, que hace culto a la belleza y la elegancia del vestuario, un día conoce a Alma, una muchacha que refleja la luz que su inspiración persigue y ambos comienzan un viaje que atará sus sentimientos más sublimes y los más lóbregos.

El filme derrocha belleza visual, los ambientes, el vestuario, la rigidez aristocrática del mundo adinerado son mostrados deliciosamente, la sin igual tarea de crear una joya en tela, el glamour de un mundo donde todo parece ser perfecto, sin sobresaltos ni alteración el tiempo transcurre diáfano para los espectadores que aguardan el florecimiento del romance entre el creador y su musa. Quizás si Daniel Day Lewis no le hubiera puesto piel a Woodcock el resultado escénico no fuera tan espectacular. Una vez más el actor reafirma que es uno de los artistas más completos del cine, ganador de tres Premios Oscar (My left foot, There will be blood, Lincoln) único en lograrlo en la historia de la Academia, aquí convence con la construcción del personaje desde el primer segundo en pantalla. Daniel atrapa al espectador en su mundo interior con la capacidad que tiene de ser quien representa en la trama.

Phantom Thread (título original en inglés) estuvo nominada en seis categorías en la última edición de los Oscars ganando solamente uno. Fue seleccionada dentro de las 10 mejores películas del año por la crítica especializada del New York Times y además es la última en la que tendremos el placer de ver al actor británico, que anunció ya su retiro.

La relación que parecía idílica entre Woodcock y Alma se torna desgarradora, atravesar los límites racionales por amor, coquetear con la muerte, amarrar la cordura y los instintos en una relación en la que se compite por derrotarse mutuamente en la pelea por no sucumbir y dejarse querer, son algunas de las lecturas sensoriales de un filme que merece nuestra atención.

Blues y ciudad, años después

No logré encontrar en la web un solo artículo que me remitiera al estreno nacional del filme de Benito Zambrano, realizado en 2005: “Habana Blues”, en la isla se exhibió durante un Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, una noche.

La prensa internacional si hizo eco de algunos aspectos del filme y es realmente doloroso que el gran público nacional no haya podido ver en pantalla grande el magnífico derroche del arte que luego se volvió trending en el panorama musical de la isla: Kelvis Ochoa, Telmary, X Alfonso, Juan A Leyva, por sólo mencionar a algunos, ponen su talento a disposición de esta obra en canciones, arreglos y presentaciones.

Habana Blues es la historia de dos amigos que hacen música fusión y sobreviven en la Habana actual. Ruy y Tito están interpretados por Alberto Yoel y Roberto San Martín respectivamente, su sueño es abrirse camino en la música y a partir de conocer a dos españoles que intentan producir a artistas desconocidos tienen que tomar decisiones en cuanto a su vida futura. El filme no se siente caduco, a pesar de tener algunos años ya, su conflicto social se mantiene.

Benito Zambrano es un español graduado de la Escuela Internacional de cine de La Habana en los noventa. Con su ópera prima “Solas” obtuvo 5 premios Goya, entre ellos el de mejor director novel. Se siente su conocimiento de la realidad cubana en el argumento de la película.

Siempre hay muchas Habanas en las miradas de los cineastas, de los periodistas o de los visitantes, todos no tenemos la misma percepción de la ciudad, ni aún sus propios habitantes. Pero si algo el filme logra captar es el gran espíritu de criollos que hemos defendido por siglos, puedes ser emigrante, militar, eclesiástico o poeta maldito, no aceptas en ninguna postura que se denigre a tu tierra natal, que se le trate sin respeto.

Las actuaciones de los chicos que en su momento se auto titularon como “actores alternativos”, muchos unos perfectos desconocidos que hoy tienen una carrera reconocida dentro o fuera de Cuba, son impecables, convencen, enamoran, retratan al cubano de a pie, ése que como los niños de Caridad come frozen aguado; o que bebe ron de 60 pesos, como la abuela de Tito.

Pero la gran protagonista es la música, la que le toma el pulso a la vida, la que sugiere o da, ésa música hecha desde la perspectiva de jóvenes herederos de tradición y que apuestan por estilos diferentes, agresivos y relajados, cubanía que destaca lo mismo en el rock que en el son.

Recomendación especial a los amigos del blog. La disfrutarán.

Gravity

La manía que tiene esta plataforma de archivar blogs a veces resulta dañina. Suelo leer a algunos bloguers de manera sistemática. Unos porque poseen páginas muy dinámicas, otros son amigos, y existen personas que no llevan etiquetas, porque es innecesario o porque de tan sólidas o geniales que son necesitarían un adjetivo que aún la Real Academia no ha logrado definir.

El caso es que supe hace mucho tiempo del filme que ahora voy a reseñar, recién fue estrenado, por el blog Carpe Diem (su versión 1 ya archivada), y suelo tomar nota real de lo que propone Huxley porque siempre es de calidad, pero fue sólo unas cuantas noches atrás que pude disfrutarlo.

Gravity es una película del mexicano Alfonso Cuarón, según las reseñas cinematográficas, las entrevistas etc, el director estuvo años intentando filmarla, y era rechazado una y otra vez por la Universal, hasta que pudo encontrar en la Warner el presupuesto adecuado al proyecto.

Es interesante cómo logra atrapar al espectador una trama aparentemente lenta, en los últimos tiempos se ha puesto de moda esto de los filmes con elenco mínimo, recuerdo uno de una chica que queda atrapada en el mar, en una desierta playa de Centroamérica con un tiburón acosándola, llegas a sentirte torturado por el “tempo” empleado en la filmación, o aquella preciosa vida de Pi, donde un chico y un tigre nos tienen en vilo durante 2 horas y sin embargo no nos importa, hay una gran diferencia entre aburrir y motivar, Gravity se adueña de tus emociones desde los primeros planos: Nuestro mundo desde afuera, en su inmensa belleza, ¿cómo puedes no deslumbrarte con el esplendor de la Tierra que gira ante tus ojos?

Con el cine, al igual que el resto de las artes, lo que importa es lo que percibes, lo que logra trasmitirte. Gravity te atrapa en su frío terror, ¿Qué puede sentir un ser humano al saberse solo e incomunicado fuera del planeta? ¿Cómo reaccionar con serenidad ante una hecatombe así?

Sandra Bullock y George Clooney dan vida a la pareja de astronautas que ven sacudida la rutina de una investigación para traerlos a un via crucis de sobrevivencia. Son compañeros en una aventura que puede costarles la vida, y tiene un gran mérito el director que logra arrancarles sólo a golpe de diálogos ésa empatía imprescindible con el espectador, el ansia de ver si pueden salvarse.

En las páginas especializadas (al igual que en la viña del señor, que hay de todo) se han hecho críticas porque es literalmente imposible hacer coincidir en una misma órbita al telescopio Hubble, la ISS y la estación china Tiangong y no se puede pasar de una a otra usando una nave Soyuz y menos aún empleando una mochila propulsora MMU. Pero hasta los críticos más feroces han terminado por reconocer su espectacularidad.

Supongo que los adeptos al cine de CF ya la hayan disfrutado, si no, les hago la recomendación de buscarla, junto con Apolo 13 es uno de los filmes más fieles narrando una experiencia espacial.

Blade Runner, again…

Ridley Scott marcó un hito en el género de CF. Adelantarse tres décadas a la manera de hacer películas futuristas es algo épico, recuerdo cómo los amantes del género íbamos al cine una y otra vez tras las imágenes oscuras que nos subyugaban, replicantes, humanos, perdición, falta de esperanza, lluvia, noche, una realidad posible que de la mano del celuloide nos deslumbró. No por gusto el Blade Runner del 82´ es un clásico.

Este año un director se atreve a volver sobre el tema, desprendiéndose de las ataduras que supone el re-make, que no es tal, porque la versión 2049 que tenemos enfrente no peca de copiar a Scott, si acaso, respeta la historia original y nos muestra una continuación de lo que pudo ser, un ¿epílogo? Para Deckard o un ¿futuro? En manos de una interpretación nueva de la vida por venir.

Denis Villeneuve (Québec, 1967) me enamoró en 2016 con una cinta genial: “The Arrival”, en la misma cuerda del futurismo, una película excelente, que apuesta por un cine reflexivo pero capaz de atraparte en sus redes de la misma forma que podría hacerlo el suspenso mejor elaborado. Una visión de lo que podría ser el encuentro con una civilización extraterrestre que haga cambiar nuestra concepción del tiempo. Así que me lancé a la aventura de Blade Runner 2049 con el ánimo de ser sorprendida, con la pasión del encuentro con ése amante que de pronto reaparece en tu vida.

El filme tiene indiscutibles méritos, volvemos a sumirnos en una realidad distópica, replicantes modernizados pero igualmente sometidos, rafagazos de rebeldía, ciudades sórdidas, deshumanización, ausencia. El ambiente que recrea Villeneuve deslumbra por la monumentalidad de los escenarios, pero la lentitud de las escenas le pasa factura al interés del espectador, cuando haces un paralelo con The Arrival, sacas la conclusión que puede ser el estilo narrativo de este director, pero lo que en el tema del contacto extraterrestre es funcional, aquí se convierte en una tortura psicológica por avanzar en la historia.

No obstante, llegas al final satisfecho. Recuerdo, en el Blade 82, aquélla escena donde el replicante Roy Batly (el maravilloso Rutger Hauer), momentos antes de morir, recita las líneas que han quedado para la historia como un símbolo:

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”

El final de Blade 2049 te sorprende. Inicia una melodía de ¿esperanza? ¿cambio? ¿razones para pensar que no nos espera un futuro tan espeluznante?

No lo sé. Sólo puedo recomendar su disfrute, y esperar que antes de treinta años más, podamos asistir a la continuación de la saga.

The Circle

Siempre que decido hacer una propuesta cinematográfica reviso las páginas de crítica para saber si la opinión de los que cobran por desmenuzar un filme coincide con la mía o no, pura manía, por lo general ya he visto la peli cuando leo las reseñas.

The Circle (El Círculo) es un estreno de 2017, protagonizado por Emma Watson y Tom Hanks, su argumento está basado en la novela escrita por Dave Eggers, del mismo nombre, que confiesa haberla escrito por consejo de su esposa, profesora de un instituto y preocupada (como millones de padres diría yo) por el abuso de las redes por parte de los jóvenes.

Mae Holland es una joven gris, proviene de una familia por debajo de todos los índices que la puedan convertir en una exitosa ejecutiva, trabaja a tiempo en sitios mal remunerados. Su amiga Annie logra conseguirle una entrevista en la compañía tecnológica donde trabaja, una suerte de imperio donde todo es perfecto. Poco a poco va entrenándose en las exigencias del nuevo trabajo y descubriendo sus propias potencialidades, una noche es rescatada en el mar gracias a uno de los inventos de la compañía y Eamon Bailey (Tom Hanks) la anima a participar en un experimento, que destroza los límites de la privacidad.

Casi todos los artículos acerca del filme detienen sus argumentos para denigrarla en que ya resulta atrasada por la aparición de mejoras en la red que pulverizan lo innovador de las propuestas que plantea, y pocos dedican tiempo a analizar lo peligroso que resulta el vicio desenfrenado de las nuevas generaciones a estar colgados todo el tiempo de la tecnología, no hay beso, fiesta, logro o cambio que los chicos actuales no quieran mostrar en las redes sociales, como si su felicidad estuviera condicionada por los pulgares en alto de los miles que las visitamos.

Emma Watson no demuestra nada magnífico actoralmente, al contrario del señor Hanks, que como siempre devuelve un papel brillante, pero no creo que eso sea lo importante en El Círculo, sino la línea argumental que nos lleva de la admiración a la reflexión, de sentirnos fascinados por cuán adelantada puede estar la tecnología al agobio que podría representar ser vistos hasta en nuestros momentos más íntimos. ¿Cuánto daño puede causar el inocente afán de la conectividad, de estar todo el tiempo y todos en contacto? ¿Dónde queda la necesidad de tener intimidad, el respeto a la misma?

Creo que es importante verla, y hacernos estas reflexiones.

Heroínas animadas

Dentro de las últimas producciones de Disney se refleja una tendencia a cambiar el rol de la heroína en sus historias, han quedado atrás las princesas habituales para ensalzar la imagen de otras chicas, menos de salón, más aventureras:

Brave (2012): Mérida es la heredera de una dinastía escocesa, pero se niega rotundamente a aceptar la tradición que la manipula como un objeto en manos varoniles, sale a crearse su propio destino y provoca una situación inesperada, que tendrá que resolver para salvar a su madre.

Frozen (2013): Dos hermanas son separadas porque una de ellas posee un don que no sabe controlar, Elsa es la mayor y tiene que sentarse en el trono real a pesar de sus miedos, su inexperiencia la hace destruir el equilibrio de su tierra y se interna en un mundo congelado para huir de su error, el amor de Anna la rescata de su abismo.

Moana (Vaiana): Película de 2016,su argumento se basa en la travesía que emprende la joven princesa de una tribu para rescatar una isla mágica, especie de madre natura bellísima, a la que le han robado su corazón.

En las tres historias se reconoce un afán por defender y fomentar el amor a la naturaleza, el respeto a las costumbres nativas de las regiones en que está ambientado el argumento y lo fundamental, los dibujantes desechan la imagen de la muchacha edulcorada y fina para echar mano de chicas comunes, despeinadas, salvajes y alejadas del protocolo.

post by duda | | 6

Últimos días en la Habana

Se estrena por estos días en el circuito de cine, trae ya algunos premios nacionales y extranjeros, es una propuesta similar a muchas en el contexto actual de una Habana llena de descorchados y problemas, pero, viene de la mano de un maestro en el arte de hacernos vivir un guión: Fernando Pérez (Clandestinos, Suite Habana, El ojo del canario, La pared de las palabras)

La historia no tiene grandes intenciones, dos hombres que son un canto a la amistad, y no precisamente la calle habanera como muchos se mofan cuando alguien se siente ultrajado por la traición de un amigo, sino a la Amistad de verdad, uno enfermo de sida, el otro esperando una entrevista para irse a los Estados Unidos ¿El pasado de ambos o cómo llegaron a juntarse en el pequeño cuarto del solar? No, la maestría del director consigue que cada uno de nosotros se imagine un prólogo diferente para esta interrogante. Diego tiene sida y termina, en su condición de gay, abandonado por la familia luego de la muerte de su madre. Miguel ha vendido hasta la casa en espera de lograr su viaje, y cuida al amigo de la infancia, sin expresarle su cariño, pero esto no es necesario cuando se baña o se alimenta con ternura a un enfermo, cuando a pesar del cansancio se resiste el sueño para darle la medicación, el cariño está implícito, ésta es mi propia explicación de la convivencia de ambos, cada cual ha de tener la suya.

De nuevo la Habana pone al descubierto su rostro feo, sus gentes comunes, llenas de palabrotas y fuerza. ¿Por qué la Habana? Me dijo el otro día alguien, es simple, Fernando es de Guanabacoa, y nunca ha dejado de estar orgulloso de su marginalidad, sin embargo, es un director que ha logrado pulsar las emociones más diversas con sus filmes, siempre correctos, siempre controversiales.

Las actuaciones son excelentes, descubro a un Jorge Martínez nuevo, que convence desde el primer parlamento en su personaje del gay enfermo, Patricio Wood coquetea con la credibilidad, habría que ver cuánto de expresión le pidió su director para, efectivamente, conectarnos con su dolor interior casi al final del filme.

Una película para disfrutar, le decía a un amigo que los cubanos somos tan alegres, tan luchadores, que logramos reír en medio de las miserias mayores, aún con las carteras y el refrigerador vacíos somos capaces de esperar lo bueno que vendrá del futuro.

Otra vez, aplauso para Fernando.

post by duda | | 16

Moonlight

En la última ceremonia de entrega de los Oscar, ganó en 3 categorías, incluyendo Mejor película. Premio que se llevó por encima de “La la land”. Así que deseché todo el proyecto de viernes- noche y me quedé en mi sala, para verla.

Antes de hacer la entrada anduve consultando la crítica (aunque debo reconocer que casi nunca estoy de acuerdo con los críticos de arte) porque me sentí mal después de terminado el filme con mi reacción. Asombrosamente la película no me trasmitió nada, ni emociones, ni agrado o su contrapartida, ni tristeza. Era como si hubiese concluido un documental y no un filme sobre la vida de un ser humano en medio de una situación extrema de disfuncionalidad social y familiar.

El argumento se basa en la narración en tres tiempos de la vida de un chico negro y homosexual, esto último porque nos lo dicen, no hay escenas durante el capítulo 1 Pequeño, que propongan tal estado, porque además, ¿cómo un niño de siete u ocho años puede saberse homosexual? es en el segundo, con una breve escena romántica entre Chiron (protagonista) y Kevin, que asistimos al despertar amoroso del muchacho. En el tercer tramo no tenemos tiempo para nada, acaba tan súbitamente como comenzó.

Me parece que el Oscar estuvo entregado más por callar las alusiones discriminatorias a la academia, en cuanto al poco protagonismo que le premian a las minorías afroamericanas, que por reales valores del filme, mención aparte de Juan, traficante de buen corazón que vende droga al por mayor pero se ofende cuando encuentra consumiendo a la madre de su protegido, el cual tiene momentos de brillo actoral, pero que tampoco convence.

Moonlight se me hizo aburrida, cuando debió ser todo lo contrario tratándose de un tema tan peliagudo. Personajes que desaparecen, escenas lentas, frases hechas. Los tres actores que encarnan al protagonista están obligados a trasmitir tan sólo con su rostro la carga emotiva interior de una persona quebrada, y no lo logran, no para mí. Asistí con total desconcierto al abierto final, al re-encuentro de Chiron, ya hombre, traficante ¿¿?? y libre de afrontar su sexualidad con Kevin, a la confesión entre monosílabos de la búsqueda mayor de toda su vida, su propia personalidad.

Una película que no convence, el chico que es arrancado de la escuela porque explota finalmente ante el maltrato a que es sometido desde pequeño, se nos devuelve ya hombre, en un salto acrobático por casi ¿quince años? de su vida que tenemos que imaginarnos, porque el mutismo es la cualidad que mejor actúa el protagonista.

Los valores del filme no alcanzaban para llegar al escaño más alto del podio de premiaciones.

Miyazaki

No veo anime, por una razón muy tonta. Me molesta el diseño físico de los personajes, todos con enormes y expresivos ojos, lo considero un síntoma de rechazo a la fisonomía asiática, eso y que en medio de una situación de extrema alegría o tristeza los muñecos comienzan a hacer gestos muy exagerados, lo cual me da sensación de caricatura barata.

Pero de esta decisión se salva un director y su trabajo: Hayao Miyazaki.

Mi acercamiento a su obra fue por “La princesa Mononoke” , mi hijo mayor devoraba el filme una y otra vez, varias veces durante el fin de semana, cuando tenía diez años, un día dejé mis quehaceres y me senté a su lado. Me cautivó la propuesta fílmica, la mezcla de la mitología con la naturaleza, así que me acerqué, comencé a husmear en su obra, más…más…y me subí a un castillo ambulante.

Hasta hoy Sophie integra el altar de mis heroínas favoritas, ha sido la causante de que reconcilie mi desdén hacia el género y busque propuestas de este corte.
La historia de amor de Howl se convierte en una carrera a favor de su salvación, en la cual además se suma el rechazo a la guerra y sus consecuencias. La película tiene tantos símbolos y tantas formas tenemos los seres humanos de interpretarlos, que puede ser un reto diferente cada vez que la pongas a rodar en tu casa. ¿Cuántas veces la he visto? No sé…son muchas.

Miyazaki tiene un don para crear historias y diseñar personajes, su paso por la cinematografía anime ha abierto las puertas del arte japonés en occidente, reclutando personas en los cuatro puntos cardinales. La naturaleza, los niños, el progreso, la responsabilidad están siempre presentes en sus obras.

El mundo anime tiene sus códigos, millones de seguidores y se ha convertido en un estilo de vida, si te asomas a una conversación virtual entre dos chicos otaku, y no eres ducho en los términos, puedes creer que hablan un idioma extranjero (bueno, de hecho casi lo hacen).

Naruto, Bleach, One Piece, el mundo anime, y el manga, han implantado una visión, un look, un estilo de vida. Hace unos días conocí a una muchacha en una entrevista de trabajo, parecía salida de un animado, su maquillaje, su cabello, el blancor de su piel, conversamos un poco y se declaró fan, al punto de reproducir su vestuario de forma perfecta, llena de lacitos y con medias y sayas de colores intensos, muy linda, una muñeca real salida de un capítulo de cualquier serie.

No soy reacia a dejarme atrapar por nuevas corrientes, quizás me embulle a caminar un poco más de la mano de los muñecos japoneses, por lo pronto, dejo aquí mi pequeño homenaje al responsable de mi único amor hasta el momento.

Silencio

Que nadie crea, cuando se siente a ver este filme que va a pasarla bien. Desde los primeros quince minutos te conminan a sufrir.

El guión, basado en la obra literaria de Shūsaku Endō, narra un pasaje de la historia religiosa de Japón, el arribo de los jesuitas al país para repartir la Fe católica. La trama se centra en la búsqueda por dos sacerdotes de un tercero, predecesor y maestro de ambos, con el cual han perdido el contacto, y los rumores lo señalan como traidor a su religión.
Los jóvenes padres convencen a su superior y se lanzan a la búsqueda. Japón se muestra cruel y feudal en ese siglo XVII, y es interesante descubrir cómo a pesar de la represión, los nativos están dispuestos a abrazar el catolicismo, so pena de torturas horrorosas al ser descubiertos.
Se centra el filme en el padre Rodrigues (encarnado por Andrew Garfield) ante su propio conflicto entre salvar a los fieles o abjurar de sus creencias.

Es una película dura, que establece una empatía con el espectador, el director (Martin Scorsese) confiesa que ha esperado casi treinta años para hacerla, no es su primer acercamiento a la religión, recordemos de su mano “La última tentación de Cristo”(1988) y “Kundun”(1997) ambas del mismo corte, la religión y el fanatismo. Scorsese es de crianza católica, así que los postulados religiosos están llevados de su mano con respeto y conocimiento.

La crítica ha sido benévola con el filme, el discurso cinematográfico es de calidad, los escenarios, la pobreza de las villas campesinas, la naturaleza en su fiereza virginal y una mención muy especial a los actores japoneses, inmensos en su humildad o en su poder.

No quiero contarles, me gustaría que la busquen. La religión es una constante de discusión y enfrentamiento en las páginas virtuales, es siempre motivo de ofensas y mal entendidos, no es mi intención hacer un análisis crítico del tema, en mi vida personal la religión está presente de diversas formas.

Confieso que asistí impresionada y adolorida a la demoledora realidad de la tortura física de personas inocentes, a las cuales se les priva del derecho a decidir en qué y cómo creer. Son dos horas y media de angustia, de desconsuelo, de descubrir una vez más la impotencia de la inteligencia ante el poder, de asistir en silencio al sufrimiento de fieles y sacerdotes, ante la disyuntiva de salvarse o traicionar. Los diálogos entre el inquisidor y el sacerdote y luego entre los dos protagonistas te hacen reflexionar, estudiarte íntimamente, asentir o estar en contra de postulados que plantean medulares discusiones sobre la existencia de Dios o no, pero sin llegar a una solución clara, resolver un enigma tan sólo te pone enfrente de otro.

Al final de las emociones que produce el filme, permaneces en silencio.