Monthly Archives: noviembre 2017

Dadme un beso¡

En el blog “Al desnudo” de la amiga Sherezada existe una entrada sobre el tema de los besos, no obstante, quiero acercarme al gesto desde otro ángulo, no sólo el clásico amoroso.

¿Qué significa un beso? ¿Quiénes son más propensos a sucumbir a su encanto? ¿Qué nos motiva a besar a alguien?

En la bibliografía disponible se tipifican nueve besos dentro del universo humano, beso esquimal, beso al aire, en el cuello y otros, el más practicado, popular y conocido es el beso francés (ah, los franceses, dueños de la pasión) beso donde las lenguas de los besucones interactúan, máxima expresión diría yo de compenetración amatoria.

Los cubanos solemos besarnos por cualquier motivo, el saludo mañanero en la escuela o el trabajo suele estar matizado por un beso, besamos a nuestros hijos, somos besados en el día un promedio de 50 veces, en la mejilla, o en la mano, es asombroso como, a pesar de las recomendaciones de salud, que alertan sobre lo nocivo del besuqueo, ni en los momentos más terribles del H1N1 dejamos de demostrarnos cariño o amistad con el consabido beso, y no es que sea una gracia, es que nos es inevitable prescindir de sus bondades.

¿Qué nos motiva a besar?

Ahora cualquier lector del blog se dirá “porque nos dá la gana” y no le faltará razón, pero debe existir alguna motivación genética que nos lleve a necesitar que labios ajenos se posen sobre determinadas partes de nosotros.

“Los científicos no están totalmente seguros de por qué besamos”, escribió la investigadora Sheril Krishenbaum en su libro “The Science of Kissing” (La ciencia del beso, 2011).

En otros artículos consultados se refiere que besar nos lleva a replicar el gesto que hacíamos de bebés para alimentarnos (según los autores el acto de mamar la leche materna es uno de los que más placer genera al cerebro humano) , en un beso de 10 segundos se transfieren 80 millones de bacterias, lo cual permite el fortalecimiento del sistema inmunológico, también eleva los niveles de neurotrasmisores como la dopamina (regula la función motora del organismo) y la serotonina (mantiene el equilibrio en nuestro estado de ánimo), y provoca un incremento de la oxitocina, también conocida como “la hormona del amor”.

Biológicamente hablando, besarse nos convierte en seres equilibrados, románticamente hablando, besarse es la expresión deliciosa de nuestro placer. Combinados ambos, nos hace robustos, creativos, alegres y saludables.

Un beso en la mano es sinónimo de respeto y admiración. Un beso en la frente denota protección. Los padres solemos besar a nuestros críos en la cabeza, quizás sin saber que este gesto denota que son lo más importante del mundo para nosotros.
La vida humana es preciosa y corta, disfrutar a plenitud de nuestra posibilidad de amar y ser amados es un tesoro, con los besos demostramos y nos demuestran un infinito universo de señales que iluminan nuestra genética, nos producen placer y nos hace enfrentar con equilibrio los tropiezos cotidianos.

El Coloso

A mi abuelo Juan, el pelotero eterno.

No, no vamos a la Historia Antigua de Grecia, en mi nueva propuesta de Arquitectura fantástica nos vamos a quedar muy cerquita, justo en el Cerro capitalino. Les propongo entrar al Estadio Latinoamericano:

La historia es archiconocida, se inaugura el 26 de Octubre de 1946 ( 71 años ya) a las dos de la tarde con un juego entre los equipos Almendares y Cienfuegos. Su nombre original fue Gran Stadium o Estadio del Cerro, en 1961, luego de la eliminación del profesionalismo en Cuba, recibe su nombre actual, aunque la gente le nombra cariñosamente “El Latino”.

Han transcurrido décadas, cambios en la estructura de la pasión nacional, remodelaciones y series beisboleras, el Coloso del Cerro es un sitio obligado de visita para los capitalinos y visitantes de la ciudad. Impresiona su arquitectura y es un contraste singular permanecer dentro de él cuando está vacío y cuando rebosa sus 55000 espectadores (al decir de trabajadores de la instalación, han llegado a 60 000 personas, en juegos claves) los decibeles de ebullición ante una jugada pueden escucharse a bastante distancia.
Alcanza 325 pies de profundidad por los jardines izquierdo y derecho y 400 por el central.

Por tradición ha sido el fuerte de los Industriales, pero en su terreno han jugado equipos de todo el país y visitantes foráneos. Atesora en sus recuerdos la visita de presidentes, actores, políticos y otras figuras célebres de la vida nacional e internacional. En su gradería se conserva una escultura de Armandito el Tintorero, el aficionado más fiel, no sólo a su equipo azul, sino a la instalación, no hay manera de recordar un juego clave en el que su figura delgada, no permaneciera animando a los locales sobre el techo del vestidor.

Familias completas, grupos de amigos, solitarios bebedores, parciales apasionados a sus equipos, periodistas, niños, la gama pintoresca de personas en un desafío puede ser increíblemente diversa. Puedes escuchar ánimos y ofensas a contrarios e ídolos, comprar rositas de maíz, ver cómo algunas pelotas se quedan entre el público o chicas buscando un romance, cartelones, trompetas, gritos y aplausos, mascotas, carga bates, árbitros abucheados, luces y sol. El Latino es cita obligada de los amantes del béisbol, y de todos los que quieren llevarse en el recuerdo a uno de los símbolos habaneros.

Blade Runner, again…

Ridley Scott marcó un hito en el género de CF. Adelantarse tres décadas a la manera de hacer películas futuristas es algo épico, recuerdo cómo los amantes del género íbamos al cine una y otra vez tras las imágenes oscuras que nos subyugaban, replicantes, humanos, perdición, falta de esperanza, lluvia, noche, una realidad posible que de la mano del celuloide nos deslumbró. No por gusto el Blade Runner del 82´ es un clásico.

Este año un director se atreve a volver sobre el tema, desprendiéndose de las ataduras que supone el re-make, que no es tal, porque la versión 2049 que tenemos enfrente no peca de copiar a Scott, si acaso, respeta la historia original y nos muestra una continuación de lo que pudo ser, un ¿epílogo? Para Deckard o un ¿futuro? En manos de una interpretación nueva de la vida por venir.

Denis Villeneuve (Québec, 1967) me enamoró en 2016 con una cinta genial: “The Arrival”, en la misma cuerda del futurismo, una película excelente, que apuesta por un cine reflexivo pero capaz de atraparte en sus redes de la misma forma que podría hacerlo el suspenso mejor elaborado. Una visión de lo que podría ser el encuentro con una civilización extraterrestre que haga cambiar nuestra concepción del tiempo. Así que me lancé a la aventura de Blade Runner 2049 con el ánimo de ser sorprendida, con la pasión del encuentro con ése amante que de pronto reaparece en tu vida.

El filme tiene indiscutibles méritos, volvemos a sumirnos en una realidad distópica, replicantes modernizados pero igualmente sometidos, rafagazos de rebeldía, ciudades sórdidas, deshumanización, ausencia. El ambiente que recrea Villeneuve deslumbra por la monumentalidad de los escenarios, pero la lentitud de las escenas le pasa factura al interés del espectador, cuando haces un paralelo con The Arrival, sacas la conclusión que puede ser el estilo narrativo de este director, pero lo que en el tema del contacto extraterrestre es funcional, aquí se convierte en una tortura psicológica por avanzar en la historia.

No obstante, llegas al final satisfecho. Recuerdo, en el Blade 82, aquélla escena donde el replicante Roy Batly (el maravilloso Rutger Hauer), momentos antes de morir, recita las líneas que han quedado para la historia como un símbolo:

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.”

El final de Blade 2049 te sorprende. Inicia una melodía de ¿esperanza? ¿cambio? ¿razones para pensar que no nos espera un futuro tan espeluznante?

No lo sé. Sólo puedo recomendar su disfrute, y esperar que antes de treinta años más, podamos asistir a la continuación de la saga.